La teoría de lo propio y lo ajeno

Renzo Olivo-4

Challenger de Buenos Aires, cancha central de “El Clú”. Renzo Olivo saca Cero-Tres (0-30) para el asombro de todos los espectadores. Un hombre extrañado frunce el ceño cuando le comentan el resultado parcial del partido, parece no comprender. Y al igual que la mayoría de los allí presentes, está sorprendido. Sin embargo, esto es moneda corriente para Leo Alonso, entrenador de Leonardo Mayer, quién explica cómo Renzo Olivo entró dentro de la teoría de lo propio y lo ajeno.

Alonso, quién admitió que esta teoría en realidad no es suya, sino que le pertenece a un ex psicólogo que solía trabajar con John McEnroe, simplificó la misma a través de un ejemplo conciso para justificar la tendencia de los tenistas en recaer en este fenómeno una y otra vez. “Supongamos que un ladrón entra en tu casa sin ningún tipo de elemento amenazante”, argumenta Alonso. Y agrega: “Uno, por naturaleza, va a intentar atraparlo y sacarlo de la vivienda. Pero ¿qué pasa si el ladrón se escapa y se interna en medio de la villa?”, cuestiona. “Posiblemente lo dejemos de correr porque ya no está en nuestro hogar, y pasa a ser un inconveniente ajeno”. Finalmente concluye, “Bueno, eso mismo pasa con algunos tenistas en cuanto a los resultados”.

Lo que Leo Alonso intenta realizar, es una analogía entre el ejemplo que el psicólogo de McEnroe le explicó, y lo que sucedía en la primera ronda del encuentro entre Renzo Olivo y Puches Lipovseck. Renzo, al tener en la actualidad un mejor ranking que Puches, sentía como propia la victoria del partido ante su compatriota y no como algo ajeno. Con lo cual, al verse por debajo en el marcador, su concentración como su tenis se incrementaron para revertir la situación en la que se encontraba. Al mismo tiempo que Lipovseck se desconcentraba y cometía errores absurdos, producto quizás, de un inconsciente que no lo dejaba verse como victorioso del encuentro, ya que no lo sentía como propio, o mejor dicho, no lo sentía como su casa.

El tiempo seguía transcurriendo y la teoría a la cual remitía Alonso se continuaba capitalizando. Olivo logró recuperar el quiebre del primer set e igualar el resultado en cinco juegos para cada lado. Lejos de estar satisfecho con lo logrado hasta el momento, fue por más y se impuso en el primer parcial por 7-5. Después de eso la historia fue una sola y la razón se la llevaba Leo Alonso, quién se autodefinió como un obsesivo de la cuestión mental en el tenis por considerarla la columna vertebral de este deporte. El segundo parcial lo ganaría fácilmente Renzo luego de quebrarle de entrada el servicio a Puches y sostener el propio para colocarse 2-0. Y aunque el 311 del ranking intentó variar las tácticas, Olivo se mostró intratable y lo quebró nuevamente para estampar un 6-2 final, en un partido que, agraciadamente para el dueño de casa, nadie pudo robarle nada esta vez.

Hernán Zanella
Fotos: Sergio Llamera

Please follow and like us:
0

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Log in here!