Entrevista | Kevin Konfederak

La presión le jugó en contra cuando comenzaba a insertarse en el profesionalismo. Hoy en día vive este deporte desde el lugar de coach, donde intenta que disfruten de aquello que él no pudo. En esta entrevista nos cuenta cómo fue la decisión de retirarse, su experiencia en el tenis universitario, qué pasa por la cabeza de un tenista y su nuevo rol como entrenador de su amigo Guido Andreozzi.

¿Cómo fue el proceso de decidir dejar el tenis profesional y cómo viviste esa etapa?

En su momento fue muy difícil, se hace muy duro porque uno dedicó toda su vida para eso. Había dejado el colegio, todo el tiempo estaba en mi cabeza, lo único que pensaba era en la siguiente gira, en la raqueta, en lo que tenía que hacer para mejorar y llegar a donde yo quería. Y de repente ese objetivo desapareció. En mi mente empezó a pesar la parte económica, el esfuerzo que hacía mi familia para bancarme, los viajes, tener que llegar a casa, estar un poquitito con mis seres queridos y tener que irme rápido al siguiente torneo.

Me empezó a costar ir al gimnasio, a entrenar, que eso era lo que más me encantaba. Era muy simple y de golpe se volvió tedioso. Tuve un primer break con el tenis a fin de 2011, donde me tomé dos meses para ver si recuperaba las ganas y la energía, pero desde que volví nunca tuve el hambre que tenía desde chiquito de llegar a lo más alto. Hasta que en un momento dije: “Esto no va más, estoy seguro que debe haber otra cosa en la vida que me haga feliz, o poder encontrar otro objetivo”, y creo que así fue.

¿Recordás cómo fue el momento en que comunicaste esa decisión y a quiénes?

Lo primero que hice fue hablar con mi viejo y decirle: “Mirá, pá, yo siempre esto lo disfruté y me encantó, creo que hice una muy buena carrera hasta acá pero hoy en día me está costando dejar todo en los entrenamientos y los partidos, pero hay algo de mí que en el fondo no quiere seguir este camino. Así que voy a dejar, me voy a ocupar de terminar el colegio y voy a encontrar otro rumbo que me haga feliz”.

Kevin fue número uno del país en sub 14 y sub 16 en singles y dobles en Juniors, y en sub 18 alcanzó el puesto 17 a nivel mundial en enero del 2009. En profesionales, su mejor ranking fue 485 en abril del 2012.

¿Qué significó para vos alcanzar tan buenos puestos en Juniors y por qué sentiste que no lo podías mantener en el futuro?

Con muchos años de análisis, ya más maduro y tranquilo, pienso que los chicos que hoy en día todavía juegan viven en una burbuja que cuando se está dentro es muy difícil darse cuenta de las cosas que uno vive, de los placeres que uno tiene de poder hacer lo que le gusta, de poder jugar, y cuánta gente se moriría por hacer esa vida. Uno cuando está adentro lo único que hace más que nada es sufrir y sentir esa presión en vez de poder disfrutar eso hermoso. Por ejemplo, es algo que para mí Diego Schwartzman lo hace increíble, ves que está en las giras y disfruta, compite, siempre sonriendo, más allá de algún partido que se puede enojar, Siempre se lo ve entrenando contento, compartiendo y eso para mí es lo que lo hace ser tan bueno.

Entonces creo que en un momento de mi carrera, a los 17, 18 años, cuando empecé a jugar los Futures, comencé a dudar de mi potencial, de hasta dónde podía llegar, me veía como un jugador más que la estaba peleando y no como que había sido el número uno en varias categorías. Una vez que empecé a sentirme así, comenzaron a entrar las dudas, era una mochila muy pesada, que dije: “A ver, si soy un jugador más, por qué voy a hacer todo este esfuerzo, sacrificar todas las cosas que están viviendo mis amigos o que yo podría hacer en mi vida, por algo que por ahí no voy a llegar a lograr, porque si soy uno más, es difícil que me toque a mí llegar hasta donde quiero”. En esas dudas y desconfianza sobre mi potencial, creo que inició toda esa pelota que me hizo terminar dejando. Fue todo de la cabeza, de no animarme a decir “yo puedo ser muy bueno entonces tengo que seguir por este camino y bancarme estos momentos duros”.

Hoy en día me pasa que me pongo a pelotear con Guido (Andreozzi) y vienen a decirme: “¿Por qué no volvés a jugar?” Me ven condiciones, y yo recién ahora después de haber jugado en la universidad y sentido el tenis de otra manera, me doy cuenta quizás del potencial que tenía, pero hoy ya mucho más grande.

Foto: Gentileza Kevin Konfederak

¿Cómo fue la experiencia en la Universidad de Atlanta y qué recomendaciones les podés dar a quienes deseen iniciar ese camino?

Fue distinta a la de los demás, fui a los 23 años cuando lo recomendable y lo más lindo es ir a los 18. Terminar el colegio e irse a una universidad en los Estados Unidos es el camino ideal para cualquier chico, excepto que vos me digas soy Del Potro y a los 17 años gano un Challenger y estés en ese nivel, yo lo recomiendo como por muchas razones. Una de ellas es empezar a jugar en cemento, darle la importancia a sacar, a devolver, y un montón de herramientas que con el hecho de jugar acá en polvo de ladrillo uno no aprende. Seguir capacitando la cabeza, y no meterse a los 18 años en esa burbuja que hablábamos antes.

Cuando vas a una clase y escuchás sobre una materia, conocés gente, hablás otro idioma y ves otra parte del mundo, no solamente la raqueta, las giras, los puntos, abrís tu cabeza a otras cosas y cuando vas a la cancha lo disfrutás de otra manera, no es lo único en tu vida. Creo que para los chicos de 18 años que terminan el colegio y están jugando las qualys de los Futures, recomiendo primero hacer ese paso, terminar la carrera y tener un título universitario, te sacás esa mochila y llegás al circuito profesional con otra cabeza, otra mentalidad y herramientas. Los que vienen jugando esos cuatro años Futures o qualys de Challengers, ya van a estar probablemente cansados, con la cabeza explotada y vos llegás con frescura, ganas y herramientas para que te vaya mejor.

Mucho se habló del junior Axel Geller que tomó la decisión de irse a la universidad teniendo en cuenta su buen presente tenístico, ¿para vos en este caso es correcto?

Tuve la suerte de encontrármelo a Axel en el momento en que estaba decidiendo si se iba a ir a Harvard o Stanford. Cuánta gente en el mundo se muere por estudiar ahí y él puede estudiar gratis en Stanford y hacer un carrerón. Hablo seguido con él porque le recomendé ir allá ya que el entrenador es un tenista americano que fue 70 del mundo. Se está dando el lujo de entrenar con él, un lugar de primer nivel donde le pagan todo y donde juega varios partidos por semana, compitiendo a morir, aprendiendo a jugar en cemento. Todo lo que está haciendo suma y el día que quiera salir a competir, o mismo cuando tenga las vacaciones, va a poder hacerlo y le va a ir muy bien. Va a jugar con esa frescura y ganas de salir a comerse el circuito que a la larga le va a servir.

¿Cómo se te dio por escribir artículos sobre tu experiencia como tenista?

Estando en Estados Unidos, al no tener tanta vida social y actividades para hacer, se me dio por empezar a escribir sobre distintos temas que se me pasaban por la cabeza: fútbol, tenis, mi vida, las diferencias sociales que había entre ese país y la Argentina. Yo leía mucho a Martí Perarnau, que es un escritor español que me encanta. Un día, de caradura, le mandé un par de escritos que había hecho en un Word, le dije que era fanático de sus libros y notas y, a los diez días, me llega un mail suyo diciendo que le gustaba lo que hice, sobre todo dos artículos. Al mes me publicó el primero en su revista digital y en diciembre del año pasado el segundo.

En medio de eso, le mandé ese mismo documento a Sebastián Varela del Río, de Página 12, quien me dijo que le encantó pero que quería que escribiera en primera persona sobre mi historia. Me ayudó a pulir detalles, lo terminamos juntos y lo publicó. Fue muy lindo escribir, expresarme y contar un poco mi historia. Sé que hay muchos chicos que se sienten identificados, me escribieron un montón para decirme: “Es así, gracias por compartir lo que nos pasa a muchos”.

¿Qué podés rescatar de tu carrera como tenista? ¿Qué te gustaría volver a vivir y que cosas hubieses cambiado?

Creo que voy a decir algo que dirían muchos y es que me hubiese gustado ser más consciente en el sentido de poder disfrutarlo más. Darme cuenta que lo que estaba haciendo estaba buenísimo y que hasta donde yo llegue iba a estar bien y a partir de ahí disfrutar. Eso no quiere decir entrenar a medias sino sacrificarme pero como lo hace el “Peque” (Schwartzman) que es el mejor ejemplo que le pongo a mis jugadores cuando entrenamos, se los digo siempre. Estamos acá y si algo no sale, ¿por qué nos tenemos que enojar? Lo estamos practicando y si nos ponemos mal no nos va a salir bien. Riámonos, hablémoslo, busquémosle la forma, hagámoslo con una sonrisa, si no sale hoy, en algún momento va a salir.

Esa parte de tener esa visión, esa madurez y haber disfrutado más de todo lo que hice, hasta los 21 años, viéndolo en retrospectiva es una gran carrera. Siendo número uno en varias categorías, en Juniors me fue bastante bien, 17 del mundo, mis primeros pasos en los Futures fueron también buenos, en poco tiempo estaba 400/500 del mundo. Creo que me hubiese gustado valorarlo y haberlo disfrutado más en ese entonces.

¿Cómo es tener amistades dentro del circuito?

Creo que hay muchos compañeros pero también se pueden hacer amistades. Me pasa hoy que ya terminé de jugar que seguimos encontrándonos, tenemos asados todas las semanas donde nos juntamos con un grupo de tenis de distintas edades, como Bruno Tiberti, Juan Vázquez Valenzuela, Stefano Licata, Guido (Andreozzi), Ryusei Makiguchi, y Nico Pastor. Quedó una muy buena onda que cuando estamos acá nos juntamos, charlamos y eso es una amistad, para mí no es un compañerismo.

Sé que en el tenis no es tan normal, pero en mi caso o mi entorno pudimos hacer lindas amistades. Mismo puedo entrenar a Guido (Andreozzi) o a “Maki” (Makiguchi) porque nos quedó esa buena onda y ellos confían en que gracias a esa relación puedo hacerlo y que ellos también la pasen bien y competir.

¿Cómo sobrellevaste en su momento el hecho de viajar solo?

Era como que estaba arriba de un tren y las cosas iban pasando, de repente llegaba, me frenaba, teníamos una reunión, contaba un poco lo que me pasaba, analizábamos algún problema, pero después era todo para adelante. De repente tenía 17 años y estaba ocho semanas en Europa, que estaba buenísimo, pero no sé si era tan consciente de lo que estaba pasando. Después me empezó a costar más hacer ese sacrificio, entendía lo que estaba haciendo y me preguntaba si valía la pena, si me gustaba o me servía. Y ahí fue cuando decidí no seguir.

Esa parte de estar solo, de luchar contra la derrota – ya que el tenista pierde todas las semanas, gana con suerte cinco torneos al año – el resto compite y pierde y hay que saber lidiar con eso, al otro día entrenar o viajar a otro lugar, bancarse eso, seguir aprendiendo y mejorando. Creo que hay que estar un poquito loco en el buen sentido para no pensar tanto, seguir y darle para adelante.

En el 2017, Kevin formó parte del equipo de Interclubes de Primera División de la Asociación Argentina de Tenis, representando a Asociación de Deportes Racionales, que alcanzó los cuartos de final del torneo.

¿Cómo fue la experiencia de jugar Interclubes el año pasado?

Espectacular. Es lo que me dio la universidad, de jugar con equipos. De chico uno jugaba Interclubes sub 10, sub 12 y sub 14 para su club, con sus amigos, ahí uno empieza a jugar y disfrutar del tenis. De golpe uno se sube al tren y eso no existe más, salvo el Mundial sub 16 que fue genial. Es una pena, sé que el circuito es de otra manera, solitario, pero cuando uno se enamora de este deporte es al principio, cuando juega en equipo, con los amigos. Lo volví a vivir en la universidad y me encantó, estaban las seis canchas ocupadas, yo estaba jugando el single uno y le gritaba al seis que pusiera huevo, que siguiera corriendo que teníamos que ganar. Eso para mí es hermoso.

El año pasado me escribió el “Bicho” de Asociación de Deportes Racionales para preguntarme si quería jugar para ellos y dije que sí, para seguir viviendo esta experiencia. Se dio que justo jugué bien, los otros tampoco se esperaban que esté jugando así, entonces estaban en la duda, esperando que me canse y en algún momento afloje, pero venía con lo último de la universidad, así que pudimos ganar buenos partidos. Este año quiero repetirlo, ojalá se arme así de lindo como estuvo el anterior, mismo para los tenistas que juegan todo el año solos, ese entorno chiquitito de dos semanas se hace muy lindo para ellos, compartir, estar en un equipo, alentar, empujar todos juntos hacia un objetivo.

¿Cómo vivís tu rol de entrenador?

Yo al menos lo vivo muy tranquilo. Pude salir de mi lugar de jugador, y lo que intento más allá de lo tenístico, táctico o estratégico, es que disfruten y entiendan aquello que yo no pude entender. Que logren tener esa madurez. Mi objetivo primordial es ese y sé que si ellos logran disfrutar, que es lo que me pasa hoy, van a jugar muy bien. Obviamente trabajamos cosas, hablamos de lo que tienen que ir mejorando, pero les insisto en que logren ser conscientes de que están haciendo lo que les gusta, y a partir de ahí se hace mucho más lindo, cambian la cara, entienden que están laburando algo que les cuesta porque lo necesitan y tienen que mejorar. Quizás les va a llevar un tiempo que les salga pero más adelante eso les va a dar de comer. A mediados de marzo voy a hacer mi primera gira con Guido Andreozzi, vamos a estar un mes en Europa, así que va a ser mi primera experiencia en una gira del lado de entrenador.

¿Cómo se dio que seas el entrenador de Guido Andreozzi?

Hablo mucho con él, es muy amigo, y justamente lo que pasó fue que cuando estaba en los Estados Unidos y tenía tiempo libre, miraba muchos partidos de él en los Challengers por livestream. Quedó la costumbre de que terminaba de jugar y le escribía diciendo qué me gustó y qué no, y también pasó de que esos tres años que estuve allá lo acompañé a las qualys del US Open. Fue una experiencia linda que compartí con sus entrenadores, con el “Niño” (Hood) y con Sebastián Prieto, viví de cerca lo que a él le pasaba, ellos me contaban lo que venían laburando. Guido venía trabajando muy bien con Prieto y tuvo la mala suerte justo de que Juan Martín del Potro se lo llevara.

Me acuerdo que yo estaba en los Estados Unidos, me avisó la situación, y a mí me faltaban tres meses para recibirme. Le dije que me encantaría trabajar juntos pero me faltaba un tiempo. En eso, Prieto le recomendó al “Polaco” (Brzezicki), había arrancado a laburar con él, estaba muy contento, venían bien, terminó el año, hicieron la pretemporada, ahí llegué yo y los acompañé. Empecé a ayudar al “Polaco” los días que él no podía, hasta que se fueron a la gira de Australia. Cuando volvió me planteó la situación de que lo entrenara yo, habló con el “Polaco” y así fue. A partir de ahí le venimos metiendo, arrancó con el título en el Challenger de Uruguay para no irse de ranking y ahora nos vamos a esta gira que es dura y ver si podemos seguir sumando.

¿Qué recuerdos tenés de Guido cuando eran compañeros de circuito?

Me acuerdo que hasta los 12, 13 años me tenía de hijo, un récord de 15-0, y de repente le gané el primer partido y a partir de ahí se empezó a revertir la cosa. Después me acuerdo que vivimos juntos la Davis Cup Junior en 2007, que fue espectacular, donde perdimos la final contra Australia con Bernard Tomic, compartimos esa semana juntos en Italia que no me voy a olvidar. Luego no tuvimos casi el mismo camino a partir de Juniors porque él no jugó tanto, entonces no nos cruzábamos, y en la época de los Futures yo dejé bastante rápido, así que no compartimos tantos torneos. Pero nos encontrábamos acá, salíamos, íbamos a comer, así que quedó esa amistad. 

¿Alguna anécdota juntos?

La Asociación Argentina de Tenis nos llevó a una gira europea en sub 16 antes del Mundial, con él, Valentín Florez y con Nicolás Pastor. Nos matábamos de risa, hacíamos las travesuras de chicos de esa edad. Jugábamos al truco y apostábamos por Coca Cola. Al final de la gira, había que pagar las que debíamos y en la cuenta entre los cuatro, lo más fácil era que Guido tenía que pagar 55 latitas. Entonces cuando volvimos teníamos que hacer escala en una playa en Francia porque era el Mundial de Fútbol 2006, todos los argentinos volvían de Alemania después de que perdió, no podíamos cambiar el pasaje, nos tuvimos que quedar dos días y lo hicimos ir al supermercado a comprar las cosas. No teníamos ni heladera en el hotel y las tomamos calientes, nos matamos de risa.

Desde tu lugar, ¿cómo ves el tenis argentino en la actualidad?

Hoy en día, con Del Potro a la cabeza, hay una muy linda camada que quedó y que lo sigue al “Enano” (Schwartzman). Diego para mí va a seguir subiendo, es el comienzo de su carrera ATP, sigue aprendiendo, acomodándose, mejorando. Tiene herramientas, cuando se sienta cómodo en la velocidad y ya esté físicamente fuerte a la altura de los otros tipos, le puede ir cada vez mejor. Tiene muchas chances de ser Top Ten y ganar torneos grandes, además es muy humilde y buena persona. Después están Guido Pella, que siempre está compitiendo y luchando, y Delbonis, que nunca se sabe cómo está pero de repente te gana dos o tres rondas en un Master Series o te puede ganar un ATP. Tenis tiene y un potencial tremendo que de repente esa semana que juega bien puede ganar cualquier tipo de torneo, generalmente en polvo, porque se siente más cómodo.

Leo (Mayer) este año la está rompiendo, no le ganó a Del Potro en Indian Wells de casualidad, pero se nota desde Australia que está con confianza y haciendo las cosas bien. Por ahí se desajustaron un poco los que estaban ya metidos como Renzo Olivo y Facundo Bagnis, que parecía que se estaban acoplando a ese nivel y de repente se fueron para atrás. Ojalá que se vuelvan a acomodar. Y después la camada que viene atrás, Guido Andreozzi tiene potencial y hay muchos ahí que están hace rato ya entre el 150 y 250, mismo Andrea (Collarini), no sé ahora que está pasando con Velotti y Argüello que no los tengo tan de cerca, pero son tipos que saben lo que es ganar, competir bien, y hay que estar atentos si se pueden acomodar más que nada en su vida afuera para poder estar tranquilos adentro de la cancha y volver a ser lo que eran.

¿Cómo armarías tu jugador ideal?

Creo que hoy Roger (Federer) está haciendo todo. El saque es impresionante, la derecha también, el revés hoy en día es de los mejores del mundo, si me hacés elegir a otro, me gustan los de una mano así que puedo elegir a Dominic Thiem. Después, juego de adelante, slice y el resto tengo que decir Roger, lo que está haciendo no se puede entender. La confianza, se para ahí y parece que ni se mueve y va, busca las pelotas, no da tiempo a respirar que ya los tiene en la red.

¿Cómo te definirías en tres palabras?

Ordenado, amiguero y feliz.

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