Columnistas Invitados | Cuando una muerte te cambia

by: David Souto

Agustín Velotti nació en Corrientes, Argentina. Su madre era aficionada del padel y el pequeño Agustín, era su compañía. “Un día acompañé a mi mamá al club para un partido y por curiosidad agarré una raqueta de tenis. Desde ese momento, nunca más la dejé”, recuerda Velotti. Sus padres, sorprendidos al ver la habilidad del niño, decidieron llevarlo a una academia de tenis de mayor nivel a unos cuantos kilómetros de casa. El lugar se llamaba Resistencia, el entrenador que lo recibiría, Rubén Re.

“Recuerdo que salía del colegio, comía rápido y me iba a Resistencia a entrenar con Rubén. Con el tiempo se convirtió en un segundo padre para mí, pasaba más tiempo con él que con mi propia familia”, relata. Los resultados llegaron rápidamente. A Agustín no le tomó mucho tiempo convertirse en el mejor tenista de Argentina de su edad. Con el paso del tiempo, fue campeón nacional en todas las categorías, campeón Sudamericano en 14 y sub-campeón del mundo en 16 años. A sus 17 figuraba entre los 10 mejores jugadores del planeta, pero no sería hasta los 18 que entraría en los libros de historia. Se coronó campeón de Roland Garros juvenil, convirtiéndose en el cuarto tenista argentino de todos los tiempos en lograrlo. Siempre bajo la mirada de su “segundo padre”, Rubén Re.

Agustín junto a Rubén Re después de coronarse campeón de Roland Garros.

Corría el año 2013 y Agustín, a sus 20 años ya se encontraba dentro de los mejores 200 jugadores del planeta. “Estaba en Brasil para jugar el clasificatorio del ATP de San Pablo, cuando recibo la noticia de que hubo un problema con Rubén, había tenido un accidente y estaba internado, muy mal de salud.

Terminé el torneo y volé rápido a Corrientes para verlo, estaba en estado de coma inducido, pero los doctores decían que se recuperaría”.

Agustín siguió de gira, sin embargo, su mente seguía en Argentina con su entrenador: “Estaba en Salinas cuando me llamó mi padre y me dio la noticia. Rubén había muerto. Fue algo de no creer”.
Ese año fue difícil, estuve varios meses que me costaba todo, fue muy muy difícil, pero sabía que Rubén me hubiese querido ver en cancha y luchando”. Por alguna razón, a pesar de estar pasando un momento muy difícil, los resultados se dieron y Agustín se coronó campeón de su primer torneo de categoría Challenger. “Al terminar el partido lo primero que se me vino a la cabeza fue escribir en mi camisa ‘Siempre conmigo Rubén’. Fue un homenaje lindo y merecido”.

Cuatro años después de la muerte de Rubén, y a pesar de haber sido un incidente conocido en toda Argentina, aún se desconocen las causas reales de su muerte y la justicia sigue investigando. Paralelamente, Agustín sigue persiguiendo su sueño. “Cuando pasás toda una vida con una sola voz respecto al tenis, durante tantos años, es difícil volver a escuchar otros entrenadores, volver a confiar. Yo pasé 13 años de mi vida con Rubén y, cuando falleció, tener que escuchar otro entrenador era algo nuevo para
mí”.

“Fue un cambio grande, se fue una voz muy importante en mi vida. Ahora, no queda de otra, más que superarlo y seguir adelante. Tengo suerte de tener a mi familia sana y personas muy buenas rodeándome que me han dado fuerza, sin embargo, Rubén siempre vivirá en mi memoria”.

Nota personal: Tuve la suerte de conocer a Agustín desde muy pequeño, crecimos
juntos y lo he visto mejorar como persona y jugador. No me cabe ninguna duda de
que llegará a ser el tenista que sueña y que algún día, en el cielo, Rubén sonreirá
y se sentirá orgulloso, porque su pupilo favorito… lo logró.

Por: David Souto
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