Andy Murray, el artista silencioso

Andy Murray es el número uno del mundo, todos lo sabemos. Pero bien, se tratará de narrar y ahondar obre sus hazañas y personalidad. O por qué no tiene la prensa que aclama a Roger Federer, Rafael Nadal o Novak Djokovic. Las razones o motivos por los cuales los periodistas no se maravillan ante un escocés que no sólo es el mejor dentro de la cancha sino fuera, también.

Hace pocos días, ante una pregunta de un colega británico sobre las hazañas de los tenistas estadounidenses, el nacido en Dunblane interrumpió para enaltecer las figuras de Serena y Venus Williams, ya que el jornalista en ocasión afirmaba algo incorrecto: que el último norteamericano en llegar a semis de un Grand Slam fue Andy Roddick. Murray, atento y denotando cierta empatía con el género femenino, aclamó en favor de las hermanas récord. Gestos como estos hablan por sí solos: no fue la primera vez que Andy se manifiesta en defensa de las mujeres.

En otra oportunidad se encargó de reclamar más beneficios para la WTA y sus representantes, por ejemplo, que jueguen en las canchas principales de cada torneo grande; sin tener la clara intención de proclamarse como feminista ni levantar la voz de manera oportunista o embanderarse en los derechos del género opuesto para conseguir elogios ni palabras lindas para su persona. De manera genuina, casi natural, expresó sin tapujos lo que sentía e indirectamente quedó como un verdadero gentleman. Esa estima hacia las ladies se debe a que en su infancia fue rodeado y criado por ellas: su madre (Judy) mediática, ex jugadora y entrenadora, sus hermanas y su abuela.

Foto: Instagram Andy Murray

Esos lazos marcaron y forjaron una personalidad fría y quizá antipática, pero sensible e introvertida. Pocos conocen las penumbras por las que Murray pasó: cuando tenía 7 años, un asesino intervino en el colegio donde concurría y mató a miles de estudiantes. Andy tenía clases de gimnasia y por minutos no presenció lo que hubiera sido el fatídico desenlace de su incipiente vida. Historias como estas, explican la introspección profunda y lo poco amigable que suele ser Murray ante las cámaras. Quizá no necesita prensa, con sólo destilar su tenis le alcanza y sobra. Vaya si es así.

El niño prodigio de Escocia se alzó con la cima del ranking sin jugar. Tras permanecer 76 semanas como número dos, en el Masters 1000 de París, disputado en noviembre del año pasado, Milos Raonic no se presentó a disputar las semifinales de dicho certamen, y posibilitó que Murray llegara al a cima de un ranking ATP adiestrado y dominado por Novak Djokovic, el otro sobreviviente de Federer y Nadal. Nole y Andy son más jóvenes, quizá los sucesores de Rafa y Roger, leyendas vivientes de este deporte maravilloso. Fue en Francia entonces, bajo el clamor escocés, la alegría de los británicos y el glamour parisino, que Andrés estrenó el uno del mundo enfrentando en la final a John Isner: no fue fácil ya que el estadounidense le disputó fuertemente el encuentro.

Pero el flamante uno ratificaría su esplendor y se coronaría como el rey de uno de los torneos más lindos del circuito. Antes, había conquistado la medalla de oro en Río de Janeiro en los Juegos Olímpicos tras vencer en la final a Juan Martín Del Potro, quien semanas después le arrebataría la coronación consecutiva de la Ensaladera tras derrotarlo en un duelo inolvidable por las semis del torneo por equipos. Luego de ese golpe y tras desaparecer dos semanas, volvió a Pekin para conquistar la corona en tierras asiáticas luego de bajar en dos sets al búlgaro Dimitrov.

Foto: Instagram Andy Murray

Además, se consagra en el Masters de Shangai, dejando atrás al español Bautista Augut. Cierra una seguidilla brillante tras campeonar en Viena, arremetiendo ante Tsonga. De esta manera, llegaría como el mejor del planeta para presentarse en el Masters de Londres, donde batallan los mejores ocho players del universo. Allí, ganaría todos sus partidos sin ceder un set: en la final, su eterno verdugo. Un Djokovic que poco pudo hacer tras una letal defensa, saque infalible y magistrales embates en la primera pelota de un Murray iluminado por el cielo de su querido Reino Unido. El score decía 6-3 6-4 y cerraba un 2016 de ensueño y como el mejor de todos, cortando doce años de hegemonía de Federer, Nadal y el mencionado Djokovic.

Este año ha tenido altibajos. En Australia Open, el primer grande del año, perdió sorpresivamente en los octavos de final ante Mischa Zverev, quien a saque y volea logró hartarlo física y mentalmente, venciéndolo en cuatro durísimos sets, tras el calor de Melbourne, tierras enemigas ya que nunca se pudo consagrar. En Roland Garros (superficie esquiva para él) perdió en otro match memorable ante Stanislas Wawrinka. Dejando el alma en la capital francesa, cayó en el quinto set por 6-1 ante “Stan, the man”. Un andamiaje positivo teniendo en cuenta que el polvo de ladrillo no es el preferido ya que el césped, cemento o carpeta le sientan mucho mejor. Llegaba Wimbledon y la eterna obligación y presión de ser campeón, como en 2013 y 2016. Todo se encaminaba hacia una nueva coronación, pero su cadera le jugó una mala pasada y sucumbió ante Sam Querrey en los cuartos de final, para el asombro y desazón de los británicos, atónitos tras la caída de su rey.

Fuente: Sky Sports

Murray es un jugador completo: técnicamente superdotado, de una velocidad envidiable, una entrega descomunal y saque brutal. Drive y revés correctos, hace daño con el drive cuando juega a contra-pierna y cruzado. Sus drops son deliciosos, la facilidad que tiene para arrojar la bola con efectos mágicos son parte del show, pinceladas del arte que despliega en el court. Casi invencible en los tie-breaks y héroe en Copa Davis (campeón en 2015). Su fortaleza es mental ya que se hizo de abajo y sufrió como un perro ante cada final perdida en manos de Federer o Djokovic. Lágrimas derramadas, pero nunca bajó los brazos este ser introvertido y encantador. Regala sus mejores funciones en Wimbledon y US Open.

Aseguró que se hará presente en Pekin, torneo que tendrá lugar del 2 al 8 de octubre. Se tomará unas semanas de reposo para descansar y volver mejor que nunca, atento a los triunfos y avatares de Nadal, que amenaza con quitarle el uno del mundo. Hace unos días, en una entrevista cedida al diario deportivo Sky, eligió a los mejores futbolistas que vio en su vida. Amante del fútbol y esposo de una de las mujeres más lindas del mundo (Kim Sears), padre de Sophia, aferrado a su hermano Jaime y muy amigo de sus amigos. Así es el artista silencioso, amo y señor del tenis.

Por: Ezequiel Andreatta

Foto portada: Instagram Andy Murray

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